El 16 de septiembre de 1976 diez estudiantes secundarios de la Escuela
Normal Nro 3 de la Plata son secuestrados tras participar en una campaña por el
boleto estudiantil. Tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por
el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejercito y la Policía de la
Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps,
que calificó al suceso como lucha contra "el accionar subversivo en las
escuelas". Este hecho es recordado como "La noche de los
lápices".
LOS ESTUDIANTES SECUNDARIOS Y LA POLITICA ENTRE 1973-1976
El arribo de la democracia en el mes de mayo de 1973, luego de un
proceso creciente de enfrentamientos contra la dictadura miliar que gobernaba
desde junio de 1966, trajo consigo la irrupción en la vida política y social de
los distintos sectores populares que habían experimentado un crecimiento
sustancial durante las luchas; entre ellos, los estudiantes secundarios.
En el movimiento estudiantil secundario se vivieron experiencias hasta
ese momentos inéditas en lo referente a participación política, en tanto ésta
es atendida en un sentido partidario más o menos directo.
El diario La Opinión editó en 1973 un suplemento dedicado al análisis de
los fenómenos políticos entre los adolescentes. En dicho suplemento se
publicaron los resultados de una encuesta que realizó el periódico entre 252
estudiantes. Se comprobó que el 30,3% de los jóvenes encuestados tenía algún
tipo de participación política.
La política había impregnado el conjunto de la vida estudiantil, dentro
y fuera de los colegios. Las organizaciones políticas vieron incrementado
notoriamente el número de sus militantes y el grado de su influencia. Según el
suplemento citado, "las tres fuerzas más importantes son, en este orden,
la Unión de Estudiantes Secundarios, (UES), la Federación Juvenil Comunista
(FJC) y la Juventud Secundaria Peronista (JSP)"
La encuesta de La Opinión revelaba también que en 1973 los estudiantes
secundarios se inclinaban ante figuras emblemáticas de la izquierda, con la
salvedad de Perón, quién asumía, para una porción amplia de los estudiantes,
contornos casi revolucionarios. Pese a todo, quien encabeza la encuesta era el
Che Guevara , a continuación venía J. D. Perón Salvador Allende ; Fidel
Castro ; Eva Perón y Mao-Tsé-Tung.
En esta encuesta queda por demás claro que para aquélla generación de
estudiantes los referentes revolucionarios y socialistas eran los que ocupaban
más espacio en la conciencia estudiantil.
En aquellos años se había alcanzado un nivel de conciencia, acción y
participación bastante elevados con lo cual el nivel de cuestionamiento al
sistema capitalista era de por demás peligroso para la burguesía y los sectores
reaccionarios de nuestro país.
EL GOLPE DE 1976
En la historia de nuestro país, como en el resto de América latina, los
golpes de Estado siempre estuvieron al servicio de la clase dominante y del
imperialismo. Pero el golpe de Estado de 1976 se podría caracterizar no tan
solo como el más sangriento vivido en la historia de nuestro país, sino también
como el más pro-imperialista, ya que el estado político-económico que dejó la
dictadura le sirvió al imperialismo para garantizar su hegemonía en la región
durante décadas.
LOS OBJETIVOS DEL PROCESO
Uno de los objetivos más tenazmente buscado por la dictadura militar que
gobernó entre 1976 y 1983 fue neutralizar a buena parte de la juventud y ganar
a una porción para su propio proyecto reaccionario.
Para los que no encajaban en sus esquemas se aplicaban distintos métodos
"preventivos", desde el asesinato y la desaparición, hasta la más
refinadas formas de marginación social y psicológica, pasando, claro esta, por
la clásica y tradicional prisión.
Cuando asumieron en 1976 los militares consideraban que en la Argentina
había una generación perdida: la juventud. Esta, por la sofisticada acción de
"ideólogos" se había vuelto rebelde y contestataria.
Si bien el gobierno militar toma en cuenta la situación en la que se
encontraba la juventud argentina, no fue tan obstinado como para suponer que se
debía atacar a toda la juventud por igual. La política hacia los jóvenes parte
de considerar que los que habían pasado por la experiencia del Cordobazo y
demás luchas previas a 1973, los que habían vivido con algún grado de
participación el proceso de los años 73, 74 y 75, los estudiantes
universitarios y los jóvenes obreros, eran en su mayoría irrecuperables y en
consecuencia había que combatirlos. Para ello utilizaron un pretexto tan obvio
como falaz: se trataba de subversivos reales o potenciales que ponían en riesgo
al conjunto del cuerpo social. El ser joven pasa a ser un peligro.
Al mismo tiempo, y pensando en el largo plazo, se empieza a desarrollar
una estrategia que va más allá de la eliminación del "enemigo". Se
empieza a poner la mira sobre el relevo. Ahí están los estudiantes secundarios.
Al momento del golpe tienen entre 13 y 18 años más de un millón de jóvenes.
EL TERROR EN LAS AULAS
Uno de los aspectos más dramáticos de la represión vivida en aquellos
años fue el secuestro de adolescentes. Llegaron a 250 los desaparecidos que
tenían entre 13 y 18 años, claro que no todos estudiaban. Muchos se habían
visto obligados a abandonar la escuela para incorporarse al mundo del trabajo.
Pero de los procedimientos utilizados surge claramente que no se trataba
de hechos aislados, sino de una investigación pormenorizada en distintas
escuelas. En una entrevista concedida a un grupo de padres, un coronel de Campo
de Mayo les expresó que se llevaban a los jóvenes que habían estudiado "en
colegios subversivos para cambiarles las ideas".
El 16 de septiembre de 1976, 10 estudiantes secundarios de la Escuela
Normal Nº 3 de la Plata, son secuestrados tras participar en una campaña por el
boleto estudiantil. Todos tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado
por el Batallón 601 del servicio de Inteligencia del ejercito y la Policía de
la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón
Camps, que califico al suceso como "accionar subversivo en las
Escuelas". Este hecho es recordado como "La noche de los
lápices".
Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después. Pablo Díaz, uno de los
liberados, declaró en el juicio a las ex juntas: "Yo pertenecía a la
Coordinadora de Estudiantes Secundarios de la Plata y con los chicos del
colegio fuimos a presentar una nota al Ministerio de Obras Públicas".
Levantaron chicos en algunos colegios que tenían "marcados" y
enemigo era todo aquel estudiante que se preocupara por los problemas sociales,
por fomentar entre los estudiantes la participación y la defensa de los
derechos de los mismos.
HOY LOS LAPICES SIGUEN ESCRIBIENDO.
Hoy los estudiantes secundarios están de a poco recuperando aquella
tradición de lucha y defensa por los derechos a una educación al servicio del
pueblo y con mayor presupuesto.
Hoy los secundarios y universitarios, sectores dinámicos de nuestra
sociedad, tenemos un doble desafío, que es la de reconstruir la memoria de
lucha de nuestro pueblo y la de reorganizarse para enfrentar el calamitoso
estado de nuestra educación.
Los Derechos de los Estudiantes NO SE NEGOCIAN!!!!
Los Derechos de los Estudiantes NO SE NEGOCIAN!!!!
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